He estado llorando por largo tiempo, mi almohada esta húmeda por mis lágrimas y no sé cuando tiempo he estado aquí en mi cuarto con las luces apagadas y las cortinas cerradas. Aun me sigo resistiendo a aceptar mi realidad, no puedo ni recordad el día en el que estoy.
Tras dejar de oír mi tristeza me doy cuenta de las gotitas de agua golpean el vidrio de mi ventana, creo que ha estado lloviendo por largo rato y no me había dado cuenta. Entre las cortinas me asomo para observar la calle llena de charcos. La luz azulada de exterior me dicen que son alrededor de las siete y que pronto anochecerá. No llegare ya a clases. Me recuesto y miro el techo. El sentimiento vuelve junto con el llanto.
Ella se fue para siempre, no está ni la volveré a ver. Mi melancolía me impide ver correctamente, aun recuerdo su respiración en mi oído, su cuerpo hinchándose ante su suspiro entre mis brazos y todo el tiempo compartido, sin tan solo estuviera aquí le diría cuanto la amo y cuanto significa para mí, pero no, solo en mi memoria. Mi impotencia de no lograr traerla me angustia. Me cubro con las sabanas porque no quiero que nadie me escuche. Seguido me acomodo en diferentes posiciones como si no pudiera acomodarme. Finalmente que quedo quieto en medio de la oscuridad.
Alguien toca de mi hombro. Volteo pero no hay nadie, enfrente de mi esta el sol y sus rayos se filtran entre las ramas de los arboles, y mi mirada se fija debajo de esas copas donde ella se haya sentada. Me dirijo hacia ella sin dar crédito a los acontecimientos, ella voltea a verme -¿Qué haces ahí parado? –me dice de manera burlona y me hizo una señal de que me acercara. Una sonrisa formaba en su rostro mientras me acerco y me hace un espacio para que me siente a su lado. No figuraba en mi tal sorpresa y alegría desde que habría los obsequios de navidad de niño.
Sentado a su lado ella se percata de mi silencio y con el rabillo del ojo trata de adivinar que me pasaba, lo suficiente como para que yo vea que sonríe, pero solo por un segundo. Yo solo muevo los ojos para mirarla, creo que me sonrojo. Toma lentamente mi mano. Continúo sorprendido ¿Qué es lo que sucedió aquí? -¿Qué tienes? –interrumpe ella mis pensamientos. Me siento nervioso, y creo que llorare en cualquier segundo –dime ¿te sientes mal? – Cada vez mas alterado, mirándome con esos lindos grandes ojos expectantes –quiero decirte que te amo mucho –me mira que con cara pensativa y un poco confundida pero solo por un segundo y luego sonríe y me da un beso. De pronto me doy cuenta que estoy en el lugar en que la perdí, quizás incluso sea el mismo día pero no recordaba que fuera un día tan soleado, en mi cabeza lo recordaba como un día nublado y depresivo. Los dos ahí sentados esperando que el resto del grupo saliera. De pronto volteo a verla y comienzo a besarla, beso tras beso. En una breve pausa en que me detengo a mirarla me pregunta -¿Qué pasa? No hay prisa –su gran sonrisa se desvanece de un momento a otro -¿estás llorando? –un par de lágrimas me brotaron sin percatarme. La abrazo tímidamente para que ella no vea cuando me las limpio y una alegría brota de su rostro en ese instante me hace sentir tontito y que de nada me sirvió disimularlo. La rodeo con mis brazos fuertemente por un largo rato sin que ella me corresponda para que después la tomara de la mano y caminamos a lo largo de un lago. El sol desciende y los arboles de colores rojos y anaranjados dejan caer sus hojas que pisamos y crujen junto con algunas raíces que en conjunto tapizan el suelo. –Estas comportándote de una forma extraña –ahora yo soy a quien se le escapa una risita. La tomo por la cintura y me coloco atrás de ella y me acerco a su oído para decírselo todo pero las palabras me huyen, sonrojado de nuevo y solo le beso el cuello. Ella mueve su cabeza esquiva por las coquillas que estas le producen. De pronto me llega un olor, su aroma. Cuanta nostalgia, pareciera que pasaron años desde la última vez que estuve con ella, y ahora, está pasando de nuevo aquí frente a mí. Una emoción me llena y la aprieto más contra mí. –No quiero perderte. –y ella contesta –No me iré.
Como enamorados nos quedamos mirando la puesta de sol–ha llegado la hora de último viaje y todos abordamos el autobús. Ella se queda dormida en mi hombro y yo le beso el cabello. Oh, cuanto te amo, quiero decirte que te amo más que otra cosa en mi vida, no sabes cuánto te necesito ni cuanto te extraño. Mi cabeza se recarga sobre la de ella y comienzo a llorar y ella se despierta –ya dime qué te pasa, ha estado así más de dos horas. No me voy ir amor, siempre voy a estar a tu lado, te lo prometo. –finalmente me corresponde y me abraza y yo comienzo a besarla de forma cada vez más desesperada. –perdóname. –Y ella contesta con facciones de una niña pequeña a la que la regaña su madre -lo de la tarde no fue tan grave, todas las parejas pelean. –Seguido contrae los labios y yo lleno de nostalgia y sin saber que decir solo repito –perdóname. –y la callo depositando muchos besos en su boca. Angustia, dolor, tristeza, desesperación, ausencia y olvido, repito para mi perdóname innumerables veces. Esto no es un sueño, los sueños no son tan reales, no, no lo son. Repito para mi perdóname innumerables veces, perdóname mientras el recuerdo se pierde lentamente como si la dejara caer en el mar y lentamente descendiera al abismo.
Tras dejar de oír mi tristeza me doy cuenta de las gotitas de agua golpean el vidrio de mi ventana, creo que ha estado lloviendo por largo rato y no me había dado cuenta. Entre las cortinas me asomo para observar la calle llena de charcos. La luz azulada de exterior me dicen que son alrededor de las siete y que pronto anochecerá. No llegare ya a clases. Me recuesto y miro el techo. El sentimiento vuelve junto con el llanto.
Ella se fue para siempre, no está ni la volveré a ver. Mi melancolía me impide ver correctamente, aun recuerdo su respiración en mi oído, su cuerpo hinchándose ante su suspiro entre mis brazos y todo el tiempo compartido, sin tan solo estuviera aquí le diría cuanto la amo y cuanto significa para mí, pero no, solo en mi memoria. Mi impotencia de no lograr traerla me angustia. Me cubro con las sabanas porque no quiero que nadie me escuche. Seguido me acomodo en diferentes posiciones como si no pudiera acomodarme. Finalmente que quedo quieto en medio de la oscuridad.
Alguien toca de mi hombro. Volteo pero no hay nadie, enfrente de mi esta el sol y sus rayos se filtran entre las ramas de los arboles, y mi mirada se fija debajo de esas copas donde ella se haya sentada. Me dirijo hacia ella sin dar crédito a los acontecimientos, ella voltea a verme -¿Qué haces ahí parado? –me dice de manera burlona y me hizo una señal de que me acercara. Una sonrisa formaba en su rostro mientras me acerco y me hace un espacio para que me siente a su lado. No figuraba en mi tal sorpresa y alegría desde que habría los obsequios de navidad de niño.
Sentado a su lado ella se percata de mi silencio y con el rabillo del ojo trata de adivinar que me pasaba, lo suficiente como para que yo vea que sonríe, pero solo por un segundo. Yo solo muevo los ojos para mirarla, creo que me sonrojo. Toma lentamente mi mano. Continúo sorprendido ¿Qué es lo que sucedió aquí? -¿Qué tienes? –interrumpe ella mis pensamientos. Me siento nervioso, y creo que llorare en cualquier segundo –dime ¿te sientes mal? – Cada vez mas alterado, mirándome con esos lindos grandes ojos expectantes –quiero decirte que te amo mucho –me mira que con cara pensativa y un poco confundida pero solo por un segundo y luego sonríe y me da un beso. De pronto me doy cuenta que estoy en el lugar en que la perdí, quizás incluso sea el mismo día pero no recordaba que fuera un día tan soleado, en mi cabeza lo recordaba como un día nublado y depresivo. Los dos ahí sentados esperando que el resto del grupo saliera. De pronto volteo a verla y comienzo a besarla, beso tras beso. En una breve pausa en que me detengo a mirarla me pregunta -¿Qué pasa? No hay prisa –su gran sonrisa se desvanece de un momento a otro -¿estás llorando? –un par de lágrimas me brotaron sin percatarme. La abrazo tímidamente para que ella no vea cuando me las limpio y una alegría brota de su rostro en ese instante me hace sentir tontito y que de nada me sirvió disimularlo. La rodeo con mis brazos fuertemente por un largo rato sin que ella me corresponda para que después la tomara de la mano y caminamos a lo largo de un lago. El sol desciende y los arboles de colores rojos y anaranjados dejan caer sus hojas que pisamos y crujen junto con algunas raíces que en conjunto tapizan el suelo. –Estas comportándote de una forma extraña –ahora yo soy a quien se le escapa una risita. La tomo por la cintura y me coloco atrás de ella y me acerco a su oído para decírselo todo pero las palabras me huyen, sonrojado de nuevo y solo le beso el cuello. Ella mueve su cabeza esquiva por las coquillas que estas le producen. De pronto me llega un olor, su aroma. Cuanta nostalgia, pareciera que pasaron años desde la última vez que estuve con ella, y ahora, está pasando de nuevo aquí frente a mí. Una emoción me llena y la aprieto más contra mí. –No quiero perderte. –y ella contesta –No me iré.
Como enamorados nos quedamos mirando la puesta de sol–ha llegado la hora de último viaje y todos abordamos el autobús. Ella se queda dormida en mi hombro y yo le beso el cabello. Oh, cuanto te amo, quiero decirte que te amo más que otra cosa en mi vida, no sabes cuánto te necesito ni cuanto te extraño. Mi cabeza se recarga sobre la de ella y comienzo a llorar y ella se despierta –ya dime qué te pasa, ha estado así más de dos horas. No me voy ir amor, siempre voy a estar a tu lado, te lo prometo. –finalmente me corresponde y me abraza y yo comienzo a besarla de forma cada vez más desesperada. –perdóname. –Y ella contesta con facciones de una niña pequeña a la que la regaña su madre -lo de la tarde no fue tan grave, todas las parejas pelean. –Seguido contrae los labios y yo lleno de nostalgia y sin saber que decir solo repito –perdóname. –y la callo depositando muchos besos en su boca. Angustia, dolor, tristeza, desesperación, ausencia y olvido, repito para mi perdóname innumerables veces. Esto no es un sueño, los sueños no son tan reales, no, no lo son. Repito para mi perdóname innumerables veces, perdóname mientras el recuerdo se pierde lentamente como si la dejara caer en el mar y lentamente descendiera al abismo.

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