sábado, 13 de junio de 2015

Ahogada en silencios

Era una tarde gris y solitaria. Ella permanecía en su casa, allá afuera no había nada, ni ruidos, ni vientos. Todo había desaparecido. Igual, en su interior, no había nada. La había pensado accidentalmente y esta, al tocar su mente, comenzó a expandirse  y a convertir en nada todo su interior. Su existencia comenzaba a desaparecer a causa de la nada, porque lo que toca la nada, se convierte en nada. Se había casi transformado en un fantasma. Luego ella volvió para darse cuenta del desastre.
Empezó a resentir la soledad. La casa esta vacía y ensombrecida por la oscura tarde. Uno podía desplazarse por las habitaciones sin tropezar, pero si tratara de leer algo no podría ver las letras. Decidió así, imaginar a una niña. La pequeña se encontraba en una situación similar. Sus padres se habían marchado y se había quedado sola en casa. Sus casas de las dos eran idénticas así que casi podía concebir a la niña como un amigo imaginario.
A pesar de la similitud con estos, la niña era un poco distinta, porque aunque podía pensar en ella, en realidad no podían conversar. Se encontraba en un espacio alternativo a su mundo. La niña, al no tener amigos, se sentaba frente a un espejo a platicar consigo misma. En el reflejo, el hermoso vestido de la pequeña tenía hermosos colores inimaginables al ser humano y al contacto de la pupila humana solo percibían colores negros y grises.
Un día, aburrida de la rutina, la niña decidió imaginar a la que en un principio fue su creadora. Una mujer joven de veinte años que, accidentalmente, había imaginado la nada y esta la comenzó a devorarla por dentro. Después de salvarse, la joven se acostó en la cama. Encontró un rincón donde las cosas olvidadas caían. Ella estaba ahí, olvidada en la tarde semi-consumida por la nada, ahogada en silencios donde gritar era lo mismo que callar porque nadie la oiría.
Se quedo dormida, y en su sueño, escucho el tocar de una guitarra. Tal vez era la niña que, en sus pensamientos, tocaba la guitarra. Fue con ella para ver qué era lo que pasaba. La niña estaba tirada en el suelo, con el oído en el piso en el que, efectivamente, sonaba una guitarra ¿Quién podía tocar la guitarra en su mundo de soledad? La curiosidad de los niños, que es algo natural, la motivaba a descubrir que causaba aquella melodía pero lamentablemente estaba atrapada en su departamento.
La chica no sabía que causaba el rasgueo. La niña y su mundo habían adquirido un alma propia y un control sobre ellos mismos donde la joven ya no podía intervenir. Sin embargo, podía presenciar lo que pasaba allá, como si lo leyera en un libro o viera una película. Algo parecido le ocurrió a la niña quien también había imaginado a la joven, pero a diferencia de la señorita esta pequeña no lo había concluido aun. Le preocupaba más el rasgueo de la guitarra. Concentrándose más, la joven noto que la canción tenía un leve sonido parecido al que tiene los tocadiscos. Era factible que aquella guitarra no fuera interpretada por alguien sino mas bien era una grabación. Lamentablemente no podía comunicarse con la niña para decírselo.
La joven le gustaba tomar nota de lo que hacia la niña. Tenía un diario para ella y también una para la infante. También trato de dibujarla en varias ocasiones y si bien el retrato no era perfecto, de haber alguien más conocido a la niña, la habrían reconocido con el dibujo. En cambio la pequeña parecía no darle tanta importancia a la joven. Le parecían muy aburridas las actividades de la chica, pero a la vez, siempre se presentaba en su cabeza. La mayor solía repetir lo que hacia la pequeña. Trataba de platicar con su reflejo en un espejo y no tardo en darse cuenta de que no tenia tema de conversación. Era una mujer bella pero no lo sabía porque nunca había visto otra chica.
Ambas solían dormir sin darse cuenta y al soñar pensaban que estaban despiertas. Podría decirse que no eran capaces de diferenciar un mundo del otro y solo sabían que habían soñado cuando, por ejemplo, la niña había hecho un dibujo y este no aparecía se explicaba que lo había pintado dormida. Eso fue causa de frustración constante de la joven porque cuando escribía en su diario a veces lo hacía en sueños y perdía grandes escritos.
No tenían horario para nada. El tiempo era irrelevante. Podían pasar largas horas y la tarde no se consumía. Todo el día era nublado sin llegar la noche. Y dado esto, una de las actividades favoritas de la joven era darse largas baños en agua tibia. Se sumergía en el agua o se relajaba bajo el chorro de agua. De las dos, era la única que tenía conciencia del pasado. Tomaba sus diarios y los leía, luego escribía sobre ella leyendo su diario para eventualmente leer sobre ella escribiendo en su diario. 
Otro pasatiempo de la joven era leer. Tenía un librero lleno, pero sus libros eran extraños. Los personajes de los torcidos cuentos eran ellas mismas. Con sus diarios se entremezclaban los cuentos y se perdía noción de la realidad y la ficción. No recordaba si lo que había leído era ella en verdad su diario o un cuento que siempre ha estado.
Comían pequeños bocadillos todo el tiempo. A la pequeña le gustaba mucho las golosinas dulces. Había engorado desde que la imagino la joven alcanzado una complexión robustita. La chica era más cuidadosa pues era vanidosa. Cuando se veía en el espejo le desagradaba ver gorditos en el vientre. Tenían un comedor pero pocas veces se detenían a hacer una comida como una cena o un desayuno. Iban a la cocina y tomaban un bocadillo o un entremés.
La niña pensaba, que aunque era aburrida la joven, le hubiera gustado jugar con ella o platicar. Cualquier actividad le parecía agradable siempre y cuando lo hicieran juntas. Cuando se entero de ello la mayor estuvo de acuerdo, pero el tiempo corría de manera irregular en ambos mundos por lo cual era muy complicado comunicarse. A veces, en sus cabezas, solían presenciar repeticiones de lo que le pasaba a la otra antes de que vinieran nuevas noticias. En esos casos la mayor rectificaba o corregía el diario de la pequeña. A veces la pequeña encontraba con la grande pensando en la pequeña que tenía en mente a la grande.
Nunca diferenciaron de hablar o pensar por lo cual, una vez creyó la grande que la guitarra solo estaba en la cabeza de la pequeña. No había más mundo que el departamento en que vivían y lo que sucedía con la otra. 
Podían mirar por la ventana pero afuera nunca había nada. El departamento estaba muy alto y no podían ver el suelo. Todo era un continuo cielo gris. A una así, salían a mirar allá afuera, como esperando que algo pasara o solo porque afuera se estaba más fresco. Pensaban que si saltaban por la ventana jamás terminarían en caer. Un constante misterio era el hecho de que había una puerta que no se podía abrir. Habían hecho una gran cantidad de intentos fallidos para atravesar aquella puerta y ambas habían presenciado los intentos de la otra para abrirla.

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