Háyala ahí, buscando el lustre a los platos que sus hermanas habían ensuciado hace unas horas. Se detendrá un segundo, suspirara, y mirara su reflejo torcido en el plato que no oculta sus ojeras. La luna ya se haya sobre la casa. Las habitaciones no emitirán luces. Atreves de las ventanas se hallan los helados muros de la ciudad, y la urbanidad se ahoga al curso de las sombras.
Tu, amada Cenicienta, fantasía de la zapatilla de cristal, víctima de tus hermanas. Sentada en el frio suelo en un rincón de la cocina, agotada. Su pupila pasea por el oscuro cuarto, encogida de piernas. Lamentos entre los silencios, depresión y agonía. Sus hermanas se hayan dormidas, sacara entre sus ropas una fotografía que desde años contempla a escondidas y una lagrima correrá en su mejilla. El tiempo no se detiene, hasta que una triste luz aparece, no verá a la hada, pero oirá su dulce voz -Dime Cenicienta, ¿Qué es lo que tu corazón desea? La pequeña niña responde en un susurro –Quiero ser libre. -Los parpados cansados comienzan a cerrarse, e imagina ese mar, su alma no volverá a su prisión.
Parada en medio de la nada, sus ojos cerrados están. El sonido del agua golpeando la playa, la fresca brisa comenzara a tocar sus descubiertos brazos y helar sus mejillas, jugando a la vez con su cabello largo y hermosamente lacio y el blanco y descuidado vestido. En ese ambiente lentamente abrirá los ojos percatándose así que se haya en el mar. Frente a ella en esa ventana que antes daba a su antigua monótona vida, ahora ella encontraba su libertad. Correrá contra el viento y este le arrebatara una sonrisa. Se detendrá un segundo para que sus pequeños dedos jueguen en la arena. Pero al momento en el que sus pies tocan el agua sentirá lo gélida de esta, ya ha amanecido sin darse cuenta, pero el cielo gris no permitirá que el sol se revele. En la costa, sobre la arena se sentara, con aires de resignación, encaprichada ante el frustrado deseo de entrar al agua y las manos cargaran la cabeza con dirección al horizonte. Indiferentemente jugara con la arena y por primera vez en mucho tiempo se detendrá a observarse a sí misma. Mira su maltratado vestido antes blanco y ahora con percudidos en todas partes. Sus manos antes suaves ahora se sienten callosas de lavar la ropa de sus hermanas. Las consanguíneas de la pequeña la habían tratado muy mal durante un largo tiempo. Ella se recuesta y mira el nublado cielo. Las aves en el cielo gris van y vienen perdidas dan cerradas curvas en parvada todo el tiempo, merodean la costa como luces buscando a un fugitivo.
Ahora el viento hace fuertes sonidos, la temperatura desciende y sus extremidades están gélidas. Paseara como fantasma descolorido ¿habrá un lugar no recorrido? Buscara abrigo sin éxito alguno y pensara en volver a casa pero el camino de ida se había desvanecido. A continuación se le ocurrirá volver sobre sus huellas y sus pisadas se cruzan un par de veces, ¿Que pensaran sus hermanas de su demora? Seguramente se enojarían de que no tuviera el desayuno listo, eran tan perezosas que seguramente aun no se habían levantado lo que, apropósito ¿Qué hora eran en ese momento? El nublado cielo impedía apreciar el sol, no pasaban de las ocho de la mañana. Finalmente llegaba ella al final del camino y sus pasos la llevaran a un extraviado buzón clavado. Merodeara proxima en busca del camino sin hallar nada. Las marcas que sus pies habían dejado terminaban aquí. La brisa fría le soplara encima y ella no sabrá a donde ir. Finalmente se había librado de sus fatigantes hermanas pero a que costo, termino varada en una playa olvidada. Las olas se vuelven más bruscas y le llevan un obsequio. La tomaría por una agujeta y la levantaría por enfrente de ella; la desafortunada bota girara lentamente sobre sí misma y escurrirá agua. Con el impulso más fuerte que tuvo la devolverá por donde vino. El estruendo que esta hiso al caer espanto a las aves que no noto tras sí misma. Un vago objeto más allá de lo que se podía ver llamo su atención, muy lejos como para llegar nadando. Tenía una necesidad de acercarse, el impulso se perdía ante las heladas aguas.
Sus hermanas habrían enfurecido si regresara tarde, la próxima le llevaba seis años y ambas ya trabajaban por lo que ella tenía oficios hogareños. Se marchaban todo el día y ella se quedaba con la casa sola. Un timbre sonó no muy lejos de ella, encontró un teléfono negro que sonaba escandalosamente. Era un teléfono un poco viejo, no tenía botones, más bien era un teléfono con rosca que se le da vueltas. Sujeto el auricular contra su oído, solo para oír el timbre de que habían colgado, pero en su mente ella escucho la voz de sus hermanas preocupadas por ella, pidiendo que vuelva, mientras que simultáneamente a su mente llegaba la imagen de los deberes que ella no quería volver a realizar. Colgó el teléfono fuertemente y volvió a la vagancia.
En su interior se sentía llena de rencor, y la poca gratitud que recibía. Sus aportaciones también debían ser reconocidas. El objeto que antes estaba muy lejos se acercara cada vez más. A la altura en la que se encontraba se podía ver que se trataba de un bote que se columpiaba al compás de las olas, tenía una necesidad de abordar pero aun se encontraba muy lejos. Se quedara próxima al mar esperándolo llegar. Se entretendrá con las conchitas. Recordara su foto, la sacara del bolso y la apretara contra ella, sabía que nunca volvería a casa. Con precaución aborda el bote ya su alcance y este la lleva lejos, en el mar se encontró el teléfono a flote de nuevo sonando, pero solo no le prestó atención, dejo que el va bien la arrullara y dormida siguió a la deriva.
Tu, amada Cenicienta, fantasía de la zapatilla de cristal, víctima de tus hermanas. Sentada en el frio suelo en un rincón de la cocina, agotada. Su pupila pasea por el oscuro cuarto, encogida de piernas. Lamentos entre los silencios, depresión y agonía. Sus hermanas se hayan dormidas, sacara entre sus ropas una fotografía que desde años contempla a escondidas y una lagrima correrá en su mejilla. El tiempo no se detiene, hasta que una triste luz aparece, no verá a la hada, pero oirá su dulce voz -Dime Cenicienta, ¿Qué es lo que tu corazón desea? La pequeña niña responde en un susurro –Quiero ser libre. -Los parpados cansados comienzan a cerrarse, e imagina ese mar, su alma no volverá a su prisión.
Parada en medio de la nada, sus ojos cerrados están. El sonido del agua golpeando la playa, la fresca brisa comenzara a tocar sus descubiertos brazos y helar sus mejillas, jugando a la vez con su cabello largo y hermosamente lacio y el blanco y descuidado vestido. En ese ambiente lentamente abrirá los ojos percatándose así que se haya en el mar. Frente a ella en esa ventana que antes daba a su antigua monótona vida, ahora ella encontraba su libertad. Correrá contra el viento y este le arrebatara una sonrisa. Se detendrá un segundo para que sus pequeños dedos jueguen en la arena. Pero al momento en el que sus pies tocan el agua sentirá lo gélida de esta, ya ha amanecido sin darse cuenta, pero el cielo gris no permitirá que el sol se revele. En la costa, sobre la arena se sentara, con aires de resignación, encaprichada ante el frustrado deseo de entrar al agua y las manos cargaran la cabeza con dirección al horizonte. Indiferentemente jugara con la arena y por primera vez en mucho tiempo se detendrá a observarse a sí misma. Mira su maltratado vestido antes blanco y ahora con percudidos en todas partes. Sus manos antes suaves ahora se sienten callosas de lavar la ropa de sus hermanas. Las consanguíneas de la pequeña la habían tratado muy mal durante un largo tiempo. Ella se recuesta y mira el nublado cielo. Las aves en el cielo gris van y vienen perdidas dan cerradas curvas en parvada todo el tiempo, merodean la costa como luces buscando a un fugitivo.
Ahora el viento hace fuertes sonidos, la temperatura desciende y sus extremidades están gélidas. Paseara como fantasma descolorido ¿habrá un lugar no recorrido? Buscara abrigo sin éxito alguno y pensara en volver a casa pero el camino de ida se había desvanecido. A continuación se le ocurrirá volver sobre sus huellas y sus pisadas se cruzan un par de veces, ¿Que pensaran sus hermanas de su demora? Seguramente se enojarían de que no tuviera el desayuno listo, eran tan perezosas que seguramente aun no se habían levantado lo que, apropósito ¿Qué hora eran en ese momento? El nublado cielo impedía apreciar el sol, no pasaban de las ocho de la mañana. Finalmente llegaba ella al final del camino y sus pasos la llevaran a un extraviado buzón clavado. Merodeara proxima en busca del camino sin hallar nada. Las marcas que sus pies habían dejado terminaban aquí. La brisa fría le soplara encima y ella no sabrá a donde ir. Finalmente se había librado de sus fatigantes hermanas pero a que costo, termino varada en una playa olvidada. Las olas se vuelven más bruscas y le llevan un obsequio. La tomaría por una agujeta y la levantaría por enfrente de ella; la desafortunada bota girara lentamente sobre sí misma y escurrirá agua. Con el impulso más fuerte que tuvo la devolverá por donde vino. El estruendo que esta hiso al caer espanto a las aves que no noto tras sí misma. Un vago objeto más allá de lo que se podía ver llamo su atención, muy lejos como para llegar nadando. Tenía una necesidad de acercarse, el impulso se perdía ante las heladas aguas.
Sus hermanas habrían enfurecido si regresara tarde, la próxima le llevaba seis años y ambas ya trabajaban por lo que ella tenía oficios hogareños. Se marchaban todo el día y ella se quedaba con la casa sola. Un timbre sonó no muy lejos de ella, encontró un teléfono negro que sonaba escandalosamente. Era un teléfono un poco viejo, no tenía botones, más bien era un teléfono con rosca que se le da vueltas. Sujeto el auricular contra su oído, solo para oír el timbre de que habían colgado, pero en su mente ella escucho la voz de sus hermanas preocupadas por ella, pidiendo que vuelva, mientras que simultáneamente a su mente llegaba la imagen de los deberes que ella no quería volver a realizar. Colgó el teléfono fuertemente y volvió a la vagancia.
En su interior se sentía llena de rencor, y la poca gratitud que recibía. Sus aportaciones también debían ser reconocidas. El objeto que antes estaba muy lejos se acercara cada vez más. A la altura en la que se encontraba se podía ver que se trataba de un bote que se columpiaba al compás de las olas, tenía una necesidad de abordar pero aun se encontraba muy lejos. Se quedara próxima al mar esperándolo llegar. Se entretendrá con las conchitas. Recordara su foto, la sacara del bolso y la apretara contra ella, sabía que nunca volvería a casa. Con precaución aborda el bote ya su alcance y este la lleva lejos, en el mar se encontró el teléfono a flote de nuevo sonando, pero solo no le prestó atención, dejo que el va bien la arrullara y dormida siguió a la deriva.


