martes, 23 de junio de 2015

Ventanas al mar

Háyala ahí, buscando el lustre a los platos que sus hermanas habían ensuciado hace unas horas. Se detendrá un segundo, suspirara, y mirara su reflejo torcido en el plato que no oculta sus ojeras. La luna ya se haya sobre la casa. Las habitaciones no emitirán luces. Atreves de las ventanas se hallan los helados muros de la ciudad, y la urbanidad se ahoga al curso de las sombras.
 Tu, amada Cenicienta, fantasía de la zapatilla de cristal, víctima de tus hermanas. Sentada en el frio suelo en un rincón de la cocina, agotada. Su pupila pasea por el oscuro cuarto, encogida de piernas. Lamentos entre los silencios, depresión y agonía.  Sus hermanas se hayan dormidas, sacara entre sus ropas una fotografía que desde años contempla a escondidas y una lagrima correrá en su mejilla. El tiempo no se detiene, hasta que una triste luz aparece, no verá a la hada, pero oirá su dulce voz -Dime Cenicienta, ¿Qué es lo que tu corazón desea? La pequeña niña responde en un susurro –Quiero ser libre. -Los parpados cansados comienzan a cerrarse, e imagina ese mar, su alma no volverá a su prisión.
Parada en medio de la nada, sus ojos cerrados están. El sonido del agua golpeando la playa, la fresca brisa comenzara a tocar sus descubiertos brazos y helar sus mejillas, jugando a la vez con su cabello largo y hermosamente lacio y el blanco y descuidado vestido. En ese ambiente lentamente abrirá los ojos percatándose así que se haya en el mar. Frente a ella en esa ventana que antes daba a su antigua monótona vida, ahora ella encontraba su libertad. Correrá contra el  viento y este le arrebatara una sonrisa. Se detendrá un segundo para que sus pequeños dedos jueguen en la arena. Pero al momento en el que sus pies tocan el agua sentirá lo gélida de esta, ya ha amanecido sin darse cuenta, pero el cielo gris no permitirá que el sol se revele. En la costa, sobre la arena se sentara, con aires de resignación, encaprichada ante el frustrado deseo de entrar al agua y las manos cargaran la cabeza con dirección al horizonte. Indiferentemente jugara con la arena y por primera vez en mucho tiempo se detendrá a observarse a sí misma. Mira su maltratado vestido antes blanco y ahora con percudidos en todas partes. Sus manos antes suaves ahora se sienten callosas de lavar la ropa de sus hermanas. Las consanguíneas de la pequeña la habían tratado muy mal durante un largo tiempo. Ella se recuesta y mira el nublado cielo. Las aves en el cielo gris van y vienen perdidas dan cerradas curvas en parvada todo el tiempo, merodean la costa como luces buscando a un fugitivo.
Ahora el viento hace fuertes sonidos, la temperatura desciende y sus extremidades están gélidas. Paseara como fantasma descolorido ¿habrá un lugar no recorrido? Buscara abrigo sin éxito alguno y pensara en volver a casa pero el camino de ida se había desvanecido. A continuación se le ocurrirá volver sobre sus huellas y sus pisadas se cruzan un par de veces, ¿Que pensaran sus hermanas de su demora? Seguramente se enojarían de que no tuviera el desayuno listo, eran tan perezosas que seguramente aun no se habían levantado lo que, apropósito ¿Qué hora eran en ese momento? El nublado cielo impedía apreciar el sol, no pasaban de las ocho de la mañana. Finalmente llegaba ella al final del camino y sus pasos la llevaran a un extraviado buzón clavado. Merodeara proxima en busca del camino sin hallar nada. Las marcas que sus pies habían dejado terminaban aquí. La brisa fría le soplara encima y ella no sabrá a donde ir. Finalmente se había librado de sus fatigantes hermanas pero a que costo, termino varada en una playa olvidada. Las olas se vuelven más bruscas y le llevan un obsequio. La tomaría por una agujeta y la levantaría por enfrente de ella; la desafortunada bota girara lentamente sobre sí misma y escurrirá agua. Con el impulso más fuerte que tuvo la devolverá por donde vino. El estruendo que esta hiso al caer espanto a las aves que no noto tras sí misma. Un vago objeto más allá de lo que se podía ver llamo su atención, muy lejos como para llegar nadando. Tenía una necesidad de acercarse, el impulso se perdía ante las heladas aguas.
Sus hermanas habrían enfurecido si regresara tarde, la próxima le llevaba seis años y ambas ya trabajaban por lo que ella tenía oficios hogareños. Se marchaban todo el día y ella se quedaba con la casa sola. Un timbre sonó no muy lejos de ella, encontró un teléfono negro que sonaba escandalosamente. Era un teléfono un poco viejo, no tenía botones, más bien era un teléfono con rosca que se le da vueltas. Sujeto el auricular contra su oído, solo para oír el timbre de que habían colgado, pero en su mente ella escucho la voz de sus hermanas preocupadas por ella, pidiendo que vuelva, mientras que simultáneamente a su mente llegaba la imagen de los deberes que ella no quería volver a realizar. Colgó el teléfono fuertemente y volvió a la vagancia.
En su interior se sentía llena de rencor, y la poca gratitud que recibía. Sus aportaciones también debían ser reconocidas. El objeto que antes estaba muy lejos se acercara cada vez más. A la altura en la que se encontraba se podía ver que se trataba de un bote que se columpiaba al compás de las olas, tenía una necesidad de abordar pero aun se encontraba muy lejos. Se quedara próxima al mar esperándolo llegar. Se entretendrá con las conchitas. Recordara su foto, la sacara del bolso y la apretara contra ella, sabía que nunca volvería a casa. Con precaución aborda el bote ya su alcance y este la lleva lejos, en el mar se encontró el teléfono a flote de nuevo sonando, pero solo no le prestó atención, dejo que el va bien la arrullara y dormida siguió a la deriva.

sábado, 13 de junio de 2015

Ahogada en silencios

Era una tarde gris y solitaria. Ella permanecía en su casa, allá afuera no había nada, ni ruidos, ni vientos. Todo había desaparecido. Igual, en su interior, no había nada. La había pensado accidentalmente y esta, al tocar su mente, comenzó a expandirse  y a convertir en nada todo su interior. Su existencia comenzaba a desaparecer a causa de la nada, porque lo que toca la nada, se convierte en nada. Se había casi transformado en un fantasma. Luego ella volvió para darse cuenta del desastre.
Empezó a resentir la soledad. La casa esta vacía y ensombrecida por la oscura tarde. Uno podía desplazarse por las habitaciones sin tropezar, pero si tratara de leer algo no podría ver las letras. Decidió así, imaginar a una niña. La pequeña se encontraba en una situación similar. Sus padres se habían marchado y se había quedado sola en casa. Sus casas de las dos eran idénticas así que casi podía concebir a la niña como un amigo imaginario.
A pesar de la similitud con estos, la niña era un poco distinta, porque aunque podía pensar en ella, en realidad no podían conversar. Se encontraba en un espacio alternativo a su mundo. La niña, al no tener amigos, se sentaba frente a un espejo a platicar consigo misma. En el reflejo, el hermoso vestido de la pequeña tenía hermosos colores inimaginables al ser humano y al contacto de la pupila humana solo percibían colores negros y grises.
Un día, aburrida de la rutina, la niña decidió imaginar a la que en un principio fue su creadora. Una mujer joven de veinte años que, accidentalmente, había imaginado la nada y esta la comenzó a devorarla por dentro. Después de salvarse, la joven se acostó en la cama. Encontró un rincón donde las cosas olvidadas caían. Ella estaba ahí, olvidada en la tarde semi-consumida por la nada, ahogada en silencios donde gritar era lo mismo que callar porque nadie la oiría.
Se quedo dormida, y en su sueño, escucho el tocar de una guitarra. Tal vez era la niña que, en sus pensamientos, tocaba la guitarra. Fue con ella para ver qué era lo que pasaba. La niña estaba tirada en el suelo, con el oído en el piso en el que, efectivamente, sonaba una guitarra ¿Quién podía tocar la guitarra en su mundo de soledad? La curiosidad de los niños, que es algo natural, la motivaba a descubrir que causaba aquella melodía pero lamentablemente estaba atrapada en su departamento.
La chica no sabía que causaba el rasgueo. La niña y su mundo habían adquirido un alma propia y un control sobre ellos mismos donde la joven ya no podía intervenir. Sin embargo, podía presenciar lo que pasaba allá, como si lo leyera en un libro o viera una película. Algo parecido le ocurrió a la niña quien también había imaginado a la joven, pero a diferencia de la señorita esta pequeña no lo había concluido aun. Le preocupaba más el rasgueo de la guitarra. Concentrándose más, la joven noto que la canción tenía un leve sonido parecido al que tiene los tocadiscos. Era factible que aquella guitarra no fuera interpretada por alguien sino mas bien era una grabación. Lamentablemente no podía comunicarse con la niña para decírselo.
La joven le gustaba tomar nota de lo que hacia la niña. Tenía un diario para ella y también una para la infante. También trato de dibujarla en varias ocasiones y si bien el retrato no era perfecto, de haber alguien más conocido a la niña, la habrían reconocido con el dibujo. En cambio la pequeña parecía no darle tanta importancia a la joven. Le parecían muy aburridas las actividades de la chica, pero a la vez, siempre se presentaba en su cabeza. La mayor solía repetir lo que hacia la pequeña. Trataba de platicar con su reflejo en un espejo y no tardo en darse cuenta de que no tenia tema de conversación. Era una mujer bella pero no lo sabía porque nunca había visto otra chica.
Ambas solían dormir sin darse cuenta y al soñar pensaban que estaban despiertas. Podría decirse que no eran capaces de diferenciar un mundo del otro y solo sabían que habían soñado cuando, por ejemplo, la niña había hecho un dibujo y este no aparecía se explicaba que lo había pintado dormida. Eso fue causa de frustración constante de la joven porque cuando escribía en su diario a veces lo hacía en sueños y perdía grandes escritos.
No tenían horario para nada. El tiempo era irrelevante. Podían pasar largas horas y la tarde no se consumía. Todo el día era nublado sin llegar la noche. Y dado esto, una de las actividades favoritas de la joven era darse largas baños en agua tibia. Se sumergía en el agua o se relajaba bajo el chorro de agua. De las dos, era la única que tenía conciencia del pasado. Tomaba sus diarios y los leía, luego escribía sobre ella leyendo su diario para eventualmente leer sobre ella escribiendo en su diario. 
Otro pasatiempo de la joven era leer. Tenía un librero lleno, pero sus libros eran extraños. Los personajes de los torcidos cuentos eran ellas mismas. Con sus diarios se entremezclaban los cuentos y se perdía noción de la realidad y la ficción. No recordaba si lo que había leído era ella en verdad su diario o un cuento que siempre ha estado.
Comían pequeños bocadillos todo el tiempo. A la pequeña le gustaba mucho las golosinas dulces. Había engorado desde que la imagino la joven alcanzado una complexión robustita. La chica era más cuidadosa pues era vanidosa. Cuando se veía en el espejo le desagradaba ver gorditos en el vientre. Tenían un comedor pero pocas veces se detenían a hacer una comida como una cena o un desayuno. Iban a la cocina y tomaban un bocadillo o un entremés.
La niña pensaba, que aunque era aburrida la joven, le hubiera gustado jugar con ella o platicar. Cualquier actividad le parecía agradable siempre y cuando lo hicieran juntas. Cuando se entero de ello la mayor estuvo de acuerdo, pero el tiempo corría de manera irregular en ambos mundos por lo cual era muy complicado comunicarse. A veces, en sus cabezas, solían presenciar repeticiones de lo que le pasaba a la otra antes de que vinieran nuevas noticias. En esos casos la mayor rectificaba o corregía el diario de la pequeña. A veces la pequeña encontraba con la grande pensando en la pequeña que tenía en mente a la grande.
Nunca diferenciaron de hablar o pensar por lo cual, una vez creyó la grande que la guitarra solo estaba en la cabeza de la pequeña. No había más mundo que el departamento en que vivían y lo que sucedía con la otra. 
Podían mirar por la ventana pero afuera nunca había nada. El departamento estaba muy alto y no podían ver el suelo. Todo era un continuo cielo gris. A una así, salían a mirar allá afuera, como esperando que algo pasara o solo porque afuera se estaba más fresco. Pensaban que si saltaban por la ventana jamás terminarían en caer. Un constante misterio era el hecho de que había una puerta que no se podía abrir. Habían hecho una gran cantidad de intentos fallidos para atravesar aquella puerta y ambas habían presenciado los intentos de la otra para abrirla.

sábado, 6 de junio de 2015

La última oportunidad

He estado llorando por largo tiempo, mi almohada esta húmeda por mis lágrimas y no sé cuando tiempo he estado aquí en mi cuarto con las luces apagadas y las cortinas cerradas. Aun me sigo resistiendo a aceptar mi realidad, no puedo ni recordad el día en el que estoy.  
Tras dejar de oír mi tristeza me doy cuenta de las gotitas de agua golpean el vidrio de mi ventana, creo que ha estado lloviendo por largo rato y no me había dado cuenta. Entre las cortinas me asomo para observar la calle llena de charcos. La luz azulada de exterior me dicen que son alrededor de las siete y que pronto anochecerá. No llegare ya a clases. Me recuesto y miro el techo. El sentimiento vuelve junto con el llanto.
Ella se fue para siempre, no está ni la volveré a ver. Mi melancolía me impide ver correctamente, aun recuerdo su respiración en mi oído, su cuerpo hinchándose ante su suspiro entre mis brazos y todo el tiempo compartido, sin tan solo estuviera aquí le diría cuanto la amo y cuanto significa para mí, pero no, solo en mi memoria. Mi impotencia de no lograr traerla me angustia. Me cubro con las sabanas porque no quiero que nadie me escuche.  Seguido me acomodo en diferentes posiciones como si no pudiera acomodarme. Finalmente que quedo quieto en medio de la oscuridad.
Alguien toca de mi hombro. Volteo pero no hay nadie, enfrente de mi esta el sol y sus rayos se filtran entre las ramas de los arboles, y mi mirada se fija debajo de esas copas donde ella se haya sentada. Me dirijo hacia ella sin dar crédito a los acontecimientos, ella voltea a verme -¿Qué haces ahí parado? –me dice de manera burlona y me hizo una señal de que me acercara. Una sonrisa formaba en su rostro mientras me acerco y me hace un espacio para que me siente a su lado.  No figuraba en mi tal sorpresa y alegría desde que habría los obsequios de navidad de niño.
Sentado a su lado ella se percata de mi silencio y con el rabillo del ojo trata de adivinar que me pasaba, lo suficiente como para que yo vea que sonríe, pero solo por  un segundo. Yo solo muevo los ojos para mirarla, creo que me sonrojo. Toma lentamente mi mano. Continúo sorprendido ¿Qué es lo que sucedió aquí? -¿Qué tienes? –interrumpe ella mis pensamientos. Me siento nervioso, y creo que llorare en cualquier segundo –dime ¿te sientes mal? – Cada vez mas alterado, mirándome con esos lindos grandes ojos expectantes –quiero decirte que te amo mucho –me mira que con cara pensativa y un poco confundida pero solo por un segundo y luego sonríe y me da un beso. De pronto me doy cuenta que estoy en el lugar en que la perdí, quizás incluso sea el mismo día pero no recordaba que fuera un día tan soleado, en mi cabeza lo recordaba como un día nublado y depresivo. Los dos ahí sentados esperando que el resto del grupo saliera. De pronto volteo a verla y comienzo a besarla, beso tras beso. En una breve pausa en que me detengo a mirarla me pregunta -¿Qué pasa? No hay prisa –su gran sonrisa se desvanece de un momento a otro -¿estás llorando? –un par de lágrimas me brotaron sin percatarme. La abrazo tímidamente para que ella no vea cuando me las limpio y una alegría brota de su rostro en ese instante me hace sentir tontito y que de nada me sirvió disimularlo. La rodeo con mis brazos fuertemente por un largo rato sin que ella me corresponda para que después la tomara de la mano y caminamos a lo largo de un lago. El sol desciende y los arboles de colores rojos y anaranjados dejan caer sus hojas que pisamos y crujen junto con algunas raíces que en conjunto tapizan el suelo. –Estas comportándote de una forma extraña  –ahora yo soy a quien se le escapa una risita. La tomo por la cintura y me coloco atrás de ella y me acerco a su oído para decírselo todo pero las palabras me huyen, sonrojado de nuevo y solo le beso el cuello. Ella mueve su cabeza esquiva por las coquillas que estas le producen. De pronto me llega un olor, su aroma. Cuanta nostalgia, pareciera que pasaron años desde la última vez que estuve con ella, y ahora, está pasando de nuevo aquí frente a mí. Una emoción me llena y la aprieto más contra mí. –No quiero perderte. –y ella contesta  –No me iré.
Como enamorados nos quedamos mirando la puesta de sol–ha llegado la hora de último viaje y todos abordamos el autobús. Ella se queda dormida en mi hombro y yo le beso el cabello. Oh, cuanto te amo, quiero decirte que te amo más que otra cosa en mi vida, no sabes cuánto te necesito ni cuanto te extraño. Mi cabeza se recarga sobre la de ella y comienzo a llorar y ella se despierta –ya dime qué te pasa, ha estado así más de dos horas. No me voy ir amor, siempre voy a estar a tu lado, te lo prometo. –finalmente me corresponde y me abraza y yo comienzo a besarla de forma cada vez más desesperada. –perdóname. –Y ella contesta con facciones de una niña pequeña a la que la regaña su madre -lo de la tarde no fue tan grave, todas las parejas pelean. –Seguido contrae los labios y yo lleno de nostalgia y sin saber que decir solo repito –perdóname. –y la callo depositando muchos besos en su boca. Angustia, dolor, tristeza, desesperación, ausencia y olvido, repito para mi perdóname innumerables veces. Esto no es un sueño, los sueños no son tan reales, no, no lo son. Repito para mi perdóname innumerables veces, perdóname mientras el recuerdo se pierde lentamente como si la dejara caer en el mar y lentamente descendiera al abismo.